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Parroquia de San Pedro Apóstol de Murcia

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En el Corazón de la Ciudad

 

Situada en pleno corazón de la ciudad, la Iglesia de San Pedro está edificada sobre el solar de un templo medieval que, a su vez, ocupó el espacio de una mezquita citada en el Libro de Repartimientos de Alfonso X el Sabio en el año 1272, lo que hace que, junto con el barrio de San Bartolomé-Santa María, el de San Pedro constituya el núcleo inicial de la Murcia más antigua.

En el siglo XV la noble familia de los “Saavedra” estableció su lugar de enterramiento en esta parroquia, reedificando, en 1482 y 1540, el crucero del templo primitivo para adaptarlo a sus necesidades sepulcrales, la cuales se ampliaron en la iglesia actual, hasta la capilla mayor, con la autorización de patronato y entierro concedidos a Diego de Saavedra Fajardo en 1641.

La iglesia limita al norte con la Plaza de las Flores, espacio abierto en la Edad Media como “Lonja de carnecerías” y nexo de unión entre la Plaza del Contraste (actual de Sta. Catalina) centro económico y administrativo de la ciudad, y la arteria principal de la Murcia Medieval que unía las entradas de la muralla por las puertas de Vidrieros y Castilla, con la plaza de los Apóstoles.

Al sur, San Pedro desemboca en la calle Jara Carrillo, cuyo nombre anterior fue “calle de la Inquisición” por dar servicio al Palacio del Santo Oficio hasta su desaparición en 1820. Al este, linda con la calle Arzobispo Simón López, antes denominada “de Bodegones”, en donde los mesones y tabernas remontan su actividad a más de cinco siglos, siendo sus casas de comidas, el lugar al que acudían forasteros y huertanos con motivo de los mercados semanales que se celebraban en las calles adyacentes. Por último, orientada al oeste, encontramos la fachada principal de la Iglesia, abierta a la plaza de San Pedro, lugar que agrupaba desde el medievo a los gremios de Caldereros, Zapateros, Montereros, Obra Prima y Sombrereros. En esta parroquia, a lo largo de los siglos, se fueron erigiendo importantes Cofradías como la del Stmo. Sacramento y Ánimas, la de Ciegos (amparada por el Rey Felipe II), la de Santa Bárbara, la de San Cayetano y la del Cristo de la Esperanza y Sto. Celo por la Salvación de las Almas, congregación fundada en 1754 y reconvertida en institución pasionaria en 1953 con los títulos de Pontificia, Real y Muy Ilustre Cofradía del Stmo. Cristo de la Esperanza, María Stma. De los Dolores, y del Sto. Celo por la Salvación de las Almas. La Cofradía de la Esperanza, procesiona en la tarde de Domingo de Ramos contando, en la actualidad, con más de 1.500 hermanos y ocho tronos lo que la convierte en una de las mayores de la ciudad. 

La iglesia de San Pedro, se reedificó durante el primer tercio del siglo XVII, siendo obispo de Cartagena Francisco Martínez, quien sacó a concurso las dos portadas del templo cuya ejecución fue adjudicada, el 28 de abril de 1611, al maestro de cantería Diego de Ergueta por un importe de 1.200 ducados.

La portada menor o lateral, orientada hacia la plaza de las Flores, es muy sencilla, de gusto renacentista y compuesta por dos pilastras de orden dórico y dintel sobre el que se sitúa una hornacina, igualmente adintelada, que albergaba la imagen en piedra de San Nicolás Obispo. La puerta permaneció cerrada desde 1874 hasta su restauración y  reapertura el 12 de octubre de 2017.

La fachada principal, igualmente de reminiscencias renacentistas, es de sillería labrada, destacando la esmerada realización de las molduras y jambas. Con un claro predominio del geometrismo remarcado por los recuadros mixtilíneos que enmarcan la puerta y ventanas. La portada se configura en dos cuerpos, divididos por pilastras y rematados con frontón triangular. En el inferior destaca el magnífico relieve que representa el escudo de la Santa Sede sobre la puerta y en el superior las imágenes de los Santos Pedro y Pablo, siendo la del primero la original del siglo XVII, mientras que la de San Pablo se realizó en el año 2011.

La torre, pasa por ser la tercera en altura de la ciudad, destacando por su disposición ya que no está en línea con el templo sino con la calle Jara Carrillo. Se compone de tres cuerpos intercambiando en el primero el ladrillo y la piedra mientras que los dos restantes son solo de ladrillo. En el siglo XVIII se añadieron en el cuerpo de campanas las pilastras, cornisas y molduras blancas que le confieren, su actual aspecto barroco, en consonancia con la linterna de la cúpula.

El interior del templo,  siguiendo el modelo de las iglesias murcianas de los siglos XVII y XVIII, se conforma por una sola nave con cuatro capillas claustrales a cada lado, crucero y ábside de cabecera recta. Las capillas se abren a la nave por arco de medio punto sobre pilastras de orden compuesto que se prolongan en la bóveda a modo de fajones.

Retablo San Pedro Apostol de Murcia

El retablo actual, cuya ejecución fue contratada con Nicolás de Rueda el 29 de abril de 1765, por un costo de 41.350 reales, es el tercero de los que han ocupado la cabecera de este templo ya que vino a sustituir al fabricado por Antonio Caro en 1702 que a su vez reemplazó al anterior retablo renacentista. A pesar de las modificaciones de que ha sido objeto en los últimos cien años, el retablo mayor de San Pedro, sigue siendo una pieza clave de la retablística murciana, tanto por el esquema tipológico que lo pone en relación con la fachada de la Catedral, como por los elementos decorativos empleados.

Realizado en pino negro dorado, consta de un solo cuerpo definido por dos columnas retranqueadas y dos ángeles atlantes que sostienen sendos capiteles coríntios. En el mismo eje que los ángeles se entronizaron en 1804 los Santos Crispín y Crispiniano – patronos del Gremio de zapateros, peleteros y montereros – imágenes atribuidas indistintamente a A. Dupar, F. Salzillo y Roque López. En los paramentos laterales, en hornacinas simuladas, se sitúan desde hace unas décadas las tallas de San Pablo y San Andrés, ambas salidas del taller del imaginero murciano Francisco Liza, en la segunda mitad del Siglo XX. Sobre ellos se aprecian sendos jarrones recogidos en marcos ovales a imagen de los existentes en el imafronte de la catedral. El entablamento es de líneas quebradas con friso ornamentado y pierde su continuidad en el centro debido a la presencia del camarín en el que se sitúa la impresionante imagen del Apóstol San Pedro Arrepentido realizada por Francisco Salzillo y colocada en este retablo el 25 de junio de 1780, cobrando el escultor por su factura 6.000 reales. Sobre el camarín, enmarcado por un águila coronada, campea el escudo de los “Saavedra” patronos de la capilla mayor. Por último, el ático encierra en el centro, sostenida por dos ángeles realizados por Francisco Salzillo en 1765, una gran cartela con las llaves de San Pedro y en la cúspide un querubín, igualmente de dicho escultor, con la tiara papal. El retablo concluye su estructura con un remate puntiagudo que se quiebra en su tramo de ascenso y se decora con guirnaldas de flores.Sobre la mesa de altar fija, tras el sagrario, se alza la imagen del Stmo. Cristo de la Esperanza mandada “componer” a Francisco Salzillo el 6 de julio de 1755. Este crucificado de 150 ctms presenta a Jesús momentos antes de expirar y en él, el escultor, hace un alarde de conocimientos anatómicos impregnando, al mismo tiempo, la obra de una espiritualidad y fuerza devocional difíciles de igualar.

Fue mucho el patrimonio destruido en la iglesia se San Pedro en los saqueos de que fue objeto en mayo de 1931 y julio de 1936, perdiéndose, pasto de las llamas, todos los retablos – excepto el de la capilla mayor – y un buen número de imágenes. Afortunadamente, además del Stmo. Cristo de la Esperanza, San Pedro Arrepentido y los Santos Crispín y Crispiniano, aún se conserva en el templo un significativo grupo de obras de evidente valor histórico, artístico y devocional:

En la capilla de San Caralampio, escoltando a la imagen central realizada por Sánchez Lozano, se encuentran las pequeñas tallas de los Santos Médicos Cosme y Damián que, catalogadas en el siglo XVI, son el único elemento conservado de la iglesia existente con anterioridad a la reconstrucción de 1611.

En la primera capilla del lado de la Epístola: San Joaquín (C.a. 1er. Cuarto del siglo XVIII). Tradicionalmente atribuido a Nicolás Salzillo, con excepción de la Niña María que fue realizada por Francisco Liza en el siglo XX.

En el Presbiterio, sobre una peana: Ntra. Sra. de las Maravillas (siglo XVIII). Bellísima imagen de impronta napolitana.

En el crucero derecho: Santa Bárbara (Francisco Salzillo – 1730)

Colateral izquierdo: María Stma. de los Dolores (Francisco Salzillo – 1756)

Colateral derecho: Ntro. Padre Jesús Nazareno de la Penitencia (Santiago Baglietto – 1817) una de las escasas imágenes academicistas conservadas en la región.

Sobre los retablos colaterales, a ambos lados del presbiterio, se conservan dos lienzos del siglo XVII que representan a San Nicolás y San Jerónimo, respectivamente. Dichas obras fueron realizadas por Nicolás Villacis, discípulo de Velázquez y uno de los máximos exponentes de la pintura barroca murciana.

Faro devocional de la Parroquia es también, desde mediados del Siglo XX,  Ntra. Sra. del Rosario de Fátima, en cuya capilla se han entronizado, recientemente, las imágenes de los Santos Pastores Francisco y Jacinta, contando San Pedro con sendas reliquias de los niños videntes de Cova da Iría.